Retelling Parte 4: Elmontón

Pienso en Edmonton como en una hoja en blanco.
No sólo por su evidente y aparentemente perpetua blancura.
No por la falta de contenido.
No por el vacío.

Por decir lo menos, pienso en lo impredecible, en todo lo que no se ha escrito, en las potencialidades que encierra un terreno llano, blanco hasta la médula, limpio.

Hay espacio para todo, para todos. Hay lugar de sobra para crear, contemplar e imaginar. 
Si hubiera algo sobre la hoja en blanco, sería un collage. Un río por aquí, dos o tres edificios por allá...y recuerda que descendemos de los ingleses, hay que poner un pub y beber té por las tardes, pero ¿qué más? Hay oportunidades que se extienden como las planicies nevadas de Noviembre.

Peguemos a los canadienses con kola loka, no vaya a ser que decidan irse. Tenemos tan poquitos, son como de colección.
La deliciosa reproducción del inglés con semejante variedad de tonos, acentos, pausas...la polifonía, lo policromo sobre el blanco inmaculado, que habla de múltiples pasados, múltiples culturas, múltiples deseos que vienen a realizarse a donde pocos reparan en el mapa.

Sí, hace mucho frío. Sí, hay poquita gente y no mucho que hacer si no eres fan de la naturaleza. Yo fui fan de verlo todo, de deleitarme ante las posibilidades y las vidas tan diferentes las unas de las otras y lo que crean en conjunto.

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