En la calle codo a codo...
Si hay un lugar en el mundo al que toda persona con un fierro golpeador de parejas felices debe ir, es Chapultepec.
Paso diariamente por dicha avenida de camino a jazz o a mi casa y suelo ponerme a contar cuántas parejas veo besuqueándose en una banquita. No digo que esté mal pasear con el novio, y no me sorprende que muchas parejas paseen por Chapu porque hay cantidad de cafés, bares y demás establecimientos diseñados exclusivamente para perder el tiempo. Si es acompañado, mejor.
Sin embargo, por motivos desconocidos, me fijo más en la cantidad de parejas que veo allí que en la cantidad de parejas que puedo ver en una plaza o en el cine, por ejemplo. No sé si por ser un espacio abierto es más evidente o simple cuestión de ubicación. Muchos godinovios que salen de trabajar y van a comer por ahí o algo, tal vez. Una mezcla de circunstancias que provoca una juntura de gente en el andador como fácilmente sucede en los centros comerciales cerrados.
Esto me pone a pensar en cuando (disculpen la comparación) sacas a tu perro a pasear. Lo haces en parte porque el perro tiene que estirar las patitas y en parte para que los demás vean a tu perro y, lo que es más importante, te vean A TI con ESE perro.
Sé que todo el tiempo, las 24 horas del día, exhibimos. Tenemos una imagen que dar al otro y le hablamos de quien (más o menos) somos por medio de nuestra ropa, gestos, mirada, palabras, peinado, eternoetcétera. Lo mismo pasa cuando anda uno por la calle de la mano de la pareja, para que no haya duda de que tengo una pareja, y mira, caminante solitario, tengo un novio y tú no (o sí, nomás que no lo sacas a pasear, pero así ya no entras al juego).
Luego dicen que por qué les pegan.
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