Nanny, nanny, rich kid...

Cuatro días y ya falté a uno. Sorry, pero así pasa cuando una es ocupada e internacional y tiene que viajar a recónditos lugares de la Tierra para encontrarse con su amado. Mucho glamour.
Hoy fuimos a pasear a la parte rica del DF de la Ciudad de México. Como suelo hacer, empecé a imaginarme la vida detrás de los departamentos con portero, de los parques y calles impecables y las zonas de restaurantes, edificios inmensos y familias rubias en lo que para ellos era un domingo común y corriente. Les compraban cosas a los niños, hablaban de otras personas, de ropa, de planes para el fin de semana...
Por alguna razón me resulta más fácil hacer esto cuando estoy en ciudades que no son la mía. Obviamente las diferencias sociales son notorias en todas partes, pero cuando puedo verlas desde fuera, cuando no estoy inserta del todo en esa dinámica, es como si viera el panorama completo en lugar de sólo la parte que me corresponde.
La caminata por Polanco me hizo pensar en cómo somos definidos por el lugar en el que estamos. Creo que hablé de esto un poco el año pasado, cuando empecé mi proyecto inconcluso de mapping y traté de explicar de qué modo ciertos lugares hacen que te comportes de cierta manera. También, cómo un lugar se resignifica cuando estás en él en vez de verlo en fotos, postales, videos o cualquier otro formato.
En este caso, me sentí como una impostora. Como si no se me permitiera siquiera voltear a ver el letrero de SE RENTA en algunos de los departamentos por el simple hecho de tener cabello negro, no ir maquillada ni hablar con papa en la boca. ¿Permitido por quién? ¿El ojo que lo ve todo?
De verdad es muy extraña la forma de interactuar entre nosotros en estos espacios. Toda regla es implícita y obvia a la vez. Se espera que tengas, que hagas, que seas ciertas cosas sin cuestionarlas. Que cuides y te enorgullezcas de lo que te pertenece por haber nacido en donde naciste. Que no abras la puerta a extraños, que no dejes que el intruso se sienta cómodo bajo ninguna circunstancia.
No he sido capaz de descifrar realmente en qué consiste. Sé que se trata de algo implantando en la conciencia colectiva, pero me gustaría comprenderlo a fondo, ponerlo a prueba, controlarlo.
¿Por qué es distinto comprar un café en Krispy Kreme de Plaza del Sol y comprarlo en Andares? Es la misma tienda, es el mismo precio y tengo el mismo poder adquisitivo en ambas. Pero en Andares soy visible.
Weird, weird stuff, pero Polanco es muy bonito y tienen el Péndulo más chido de los dos que he visto. Vayan todos e invádanlos con su proletariosidad.





También vimos el museo Soumaya por fuera. Se ha vuelto un campo de selfies parecido al Bean de Chicago.




Y entramos al museo Jumex. Había una exposición con arte contemporáneo e instalaciones muy extrañas, entre las cuales se incluía una pareja besándose. Sólo eso... y un montaje de actores de novelas llorando sin decir nada. Sólo lloraban eternamente en televisión.
Los ricos son muy raros.


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