Y sigue la mata dando...
Acabo de llegar del desayuno más largo de mi vida. Fue hermoso...
Es cumpleaños de Isabel, y como nadie nunca (a excepción de mí) quiso repetir la experiencia del año pasado en que todos perdimos la noche e Isabel la dignidad (pinchi diversión eterna), hicimos cosas de gente grande, como es usual con mis viejos viejos amigos.
El grupo se ha visto mermado últimamente, pero eso no es impedimento para que las tradiciones continúen: Ingrid llega hora y media después, afana a Carlos, todos lo aceptamos, atacamos a Ingrid, Ingrid se ríe, Eli tiene una situación interesante que contar durante dos horas en las que todos opinamos sin tener nada que ver en el asunto, Eli seguramente nos ignorará y hará lo que se le de la gana. La próxima vez que la veamos, nos contará el por qué de su decisión y todos reiremos mucho... "Y esto es tooooooodos los díaaas".
Sabemos cómo funcionamos, sabemos que funcionamos en una forma retorcida y llena de pasados medio tormentosos entre nosotros. ¿Cómo sobrevivimos? ¿Por qué seguimos siendo amigos? ¿Seremos codependientes? ¿Estaremos enfermos?
No, en realidad es más sencillo que eso, y creo que ya lo había escrito por aquí alguna vez: somos infinitos como el refill de café en Applebee's.
Nunca había conocido una definición más literal de "círculo de amigos". Hoy, por casualidad, nos sentaron en una mesa redonda (creo que a estas alturas es más épica que la del Rey Arturo) y no he podido evitar pensar que mantenemos una relación circular, sin un principio ni un final; perpetua.
Todo mundo se ha enojado con todo mundo (incluso existen algunos malentendidos a la fecha, razón por la cual somos un grupo reducido ahora...aunque sabemos que volverán los demás, tarde o temprano.), han (hemos) habido parejas legendarias que terminan y vuelven al círculo como si nada, tenemos miembros honorarios, alguien a quien criticar, alguien a quien preferimos, alguien con quien compartir...y la historia no se acaba, pero tampoco se repite del todo.
Es difícil explicar la magnífica e inmensa tranquilidad que siento cada vez que nos reunimos. Es reafirmar que son ellos lo único seguro y constante en mi vida, por más tiempo que pase sin siquiera cruzar palabra.
No me gusta pensar en ellos como mis hermanos, porque creo que en determinado momento quizá hasta a mi hermana dejaría de verla antes que a ellos. Son más, son ellos, son con quienes decidí crecer a trompicones y andar juntos por la vida, aunque a veces me den ganas de aventarlos a un río en medio del camino.
Cada nuevo día juntos trae consigo un montonal de recuerdos, un background interminable, y a mí me trae una sonrisa interna que me dura un buen rato. Al rememorar conversaciones de hace dos, cinco, siete años y escucharnos en el presente, abriéndonos paso por la vida, hablando de nuestros empleos, nuestros planes, nuestras "decisiones adultas", me emociono como quinceañera. La misma quinceañera que fui con ellos, los mismos sueños convirtiéndose lentamente en realidades, las miradas cómplices, los chistes obscenos...la vida. La vida y un año más de Isabel y su cumpleaños...
Salud.
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