Caliente...caliente...

Encuéntrame. Por favor, encuéntrame.
Observa con cuidado, que quizá no tengas otra oportunidad de verme. Búscame entre risas ruidosas, abrazos interminables y manos suaves.
Busca aquello que conoces, aquello que amas, lo que siempre has visto mío en otras personas, lo que creas que me pertenece y que otros me han robado con el único afán de hacer que me recuerdes.
Fíjate... ¡No!, no te distraigas, estás cerca. Sigue a aquella sombra, la que está por doblar la esquina. ¡Corre!, ¡alcánzala! ¡alcánzame! no te detengas esta vez. Mira, se pierde de nuevo, desaparece, se difumina, usa el cielo como camuflage y el viento como maquillaje.
¿Te rindes así de fácil? Ahora das media vuelta y regresas el camino andado esperando señales nuevas. Cualquier diminuta pista que te encamine una vez más en la dirección adecuada; la que perdiste hace tanto y ahora buscas entre personas sin cara y miradas sin luz.
Te acercas a la barra y pides tu café de siempre. Te resignas, te sientas en el rincón más alejado a esperar a una vieja amiga: la casualidad. Ella, siempre tan hermosa, tan impredecible y sagaz. No puedes culparla por llegar tarde, no puedes siquiera odiarla cuando nunca llega, cuando queda mal y deja esa sensación de vacío en tu interior y una única pregunta en tu cabeza: ¿Qué tal si...?
Entiendo, no puedes buscarme sin consultarlo  primero con ella. Me doy cuenta de que siempre habrá "otra", algo más, alguien más antes de mi. Como si se tratase de un juego de video, de esos en los que, sin importar cuántos puntos ganes, no son nunca suficientes.
Por una vez deberías hacer trampa, usar atajos, arriesgarte. Quizá así te hubieras dado cuenta de que entre todos esos brazos, risas y manos, mi voz te llamaba, mis ojos te miraban de frente.
Tal vez te habrías percatado del callejón en medio de la calle, antes de cruzar la esquina en que perdiste a aquella sombra.
Incluso, si mirases con atención, te darías cuenta de que estoy en la mesa de al lado, escribiendo esto sólo para ti, mirándote de reojo mientras me buscas fijando tu mirada en dirección opuesta.
Aquí estoy, aquí espero; mi café se enfría y pienso seriamente en fumarme un cigarro mientras te das cuenta de que ella nunca va a llegar a menos que la llames y le recuerdes la cita pendiente.
Llámale, si es necesario grítale, búscala; encuéntrame. Por favor, voltea.

Comentarios

  1. El que no arriesga no gana. A veces deberíamos pararnos un poco y mirar a los lados, quizás este allí, en la mesa de al lado, cómo tú.

    ResponderEliminar
  2. Como a toda mujer, es bueno provocarla un poco de vez en cuando.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

The Urge

#SorryNotSorry

Entrada