I used to have a best friend...

Hoy en la regadera me dio por pensar en mis amigos. Los amigos que extraño y que pensé que nunca tendría tiempo para extrañar, de tanto verlos y hablar con ellos y pasarme la vida en sus casas.

Quizá tenga que ver con que esta semana vi dos comedias románticas (meh, no las vean) sobre mejores amigos, pero el punto es que me acordé del mío.

Yo tenía un mejor amigo, de esos que en las películas irremediablemente se enamoran de la mejor amiga. No negaré que mi vida a veces ha sido como una comedia romántica... y ahora me pregunto si el ver comedias románticas ocasiona, hasta cierto punto, que queramos cumplir con el estereotipo...hmmm...

Bueno, me desvío del tema y he dicho "comedia romántica" más veces de las que debería (perdón, yo corrector). La cosa es que la mayor parte de mi adolescencia la viví con estas mujeres y este hombre (que por alguna razón fue siempre el único ente masculino constante en el círculo cercano), y después del lapsus estúpido de comedia romántica, lo que más me aterraba en la vida era perderlo. No podía siquiera concebir una vida en la que no me hablara, o no lo viera, o no me felicitara en mi cumpleaños, o no llegara a mi casa a hacer hot cakes.
Lo cuidé mucho, y me preocupé demasiado por conservarlo, y trataba de decirme que todo volvería a la normalidad en algún momento.

Así, cuando esporádicamente tocaba a mi puerta, o íbamos a comer, o por alineación del cosmos nos veíamos en las posadas, lograba decirme a mí misma "¿Ves? Todo está bien. Sigue ahí y seguirá por siempre. No ha cambiado nada...lalalala"...
Poco a poco, y sin darme cuenta, se fue desvaneciendo mientras yo no miraba.
Es raro, pero no lo extraño. No me felicitó en mi cumpleaños. Ya no viene de visita. Ya no hablamos si no es en el grupo de Watsapp. No fui a su boda.
Está bien. Todavía no sé si creció o si más bien se quedó estancado mientras nosotras crecíamos. No soy quién para determinar eso porque, en muchos sentidos, ya no lo conozco. Al menos no a su versión adulta.
Quizá no debería aferrar con tanta fuerza a las personas que me importan, ni insistir en dar el título de "mejor amigo" a quien dejó de serlo desde que se le ocurrió ser mi novio. Quizás debería dejar ir a quien se quiera ir, sin ponerles correa larga, esperando que eventualmente vuelvan y todo se quede como está, como, para mí, debería ser.

Yo tenía un mejor amigo, pero ahora él tiene una familia y yo a quien merece el título todos los días hasta que quiera, sin correa.

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