No sé qué carajos intento hacer con esto...
La cosa está así:
No recuerdo muy bien todo lo que se supone debía haber aprendido este año escolar, aunque sé que está por ahí, vagando en mi mente. Sé que lo sé y sé que cuando llegue el momento seré capaz de usarlo en mis trabajos, en mi carrera profesional, o para presumirlo a mis amigos ignorantes en el tema.
Lo que sí recuerdo son las tardes eternas antes de entrar a clase del Quijote, y que como por tres semanas, al volver a casa de esa clase, ocurría algún percance (se apagaba el carro, se inundaba la ciudad, el tráfico era imposible) y yo terminaba llegando a mi hogar alrededor de las diez de la noche.
Recuerdo charlas estúpidas, MUY estúpidas y divertidas que fácilmente duraban las tres horas que había que esperar para entrar a Quijote y que podrían seguir hasta el día de hoy sin ningún problema. Es una habilidad de mis amigos: estirar y estirar un tema irrelevante hasta convertirlo en una filosofía de vida (Véase: netafísica).
Recuerdo mucho café, una tarde de tormenta en la que casi me caigo de cara al piso porque pisé granizo sin querer...
¿Y lo que aprendí?
Bueno, además de aprender que Don Quijote de la Mancha es LA obra (que no he terminado aún), que los libros para niños SÍ son literatura que vale la pena, que ser maestro y planear clases también tiene poquito chiste y demás, pasaron muchas otras cosas relevantes este año, cosas que sé que se quedarán conmigo un poco más que los conceptos que nos dictaron el miércoles pasado. Por ejemplo:
Conocí gente nueva, o más bien me acerqué más a gente que ya conocía y resultó que me cayeron bien. Me gusta porque ahora parece que hemos fundido los dos turnos en un enorme grupo súper extraño, y nunca creí que fuera posible, porque son TAAAAAAAAAAN diferentes.
Ejercité mi paciencia y resistencia al sueño teniendo que esperar horas y horas y horas por una clase que duraba horas y horas y horas después de haberme levantado a las 5:30 de la mañana.
Descubrí mi creciente amor por los tacos de La Cueva, mis mejores amigos cuando soy pobre, tengo hambre y mucho tiempo libre entre clase y clase.
Dormir en el pasto no es tan malo cuando...pues...tienes mucho MUCHO sueño (a veces mi resistencia al sueño no era muy buena).
No es necesario hablar durante una conversación para participar en ella.
No importa quién seas, de dónde vengas, tu sexo, edad, religión o clase social: Te va a gustar The fault in our stars.
Al contrario de lo que creía, mis vagos no necesitan alcohol para funcionar...no siempre.
Todos tenemos algo que decir, todos tenemos universos enteros en la cabeza, y cada quien lo dice como puede y como quiere. Tengo poetas, dibujantes, cantantes; tengo quien piensa en lenguaje cinematográfico, lenguaje científico, o quien se expresa con una perfección gramatical que resulta casi molesta. Tengo a quien le gusta hablar de forma rebuscada, a quien detesta que ella sea así, y a quien le importa un pepino.
Tengo a quien siempre dice algo interesante, algo gracioso, algo estúpido, algo...lo que sea.
Me doy cuenta de que al final nada de eso importa, de que hables como hables siempre habrá quien te quiera escuchar, quien te quiera leer y a quien le guste lo que dices, o por lo menos esté de acuerdo en algunos puntos.
Ya voy perdiendo el miedo a decir cosas...y por eso llevo 3 días seguidos bloggeando (por eso y porque no tengo nada mejor que hacer con mi vida).
No recuerdo muy bien todo lo que se supone debía haber aprendido este año escolar, aunque sé que está por ahí, vagando en mi mente. Sé que lo sé y sé que cuando llegue el momento seré capaz de usarlo en mis trabajos, en mi carrera profesional, o para presumirlo a mis amigos ignorantes en el tema.
Lo que sí recuerdo son las tardes eternas antes de entrar a clase del Quijote, y que como por tres semanas, al volver a casa de esa clase, ocurría algún percance (se apagaba el carro, se inundaba la ciudad, el tráfico era imposible) y yo terminaba llegando a mi hogar alrededor de las diez de la noche.
Recuerdo charlas estúpidas, MUY estúpidas y divertidas que fácilmente duraban las tres horas que había que esperar para entrar a Quijote y que podrían seguir hasta el día de hoy sin ningún problema. Es una habilidad de mis amigos: estirar y estirar un tema irrelevante hasta convertirlo en una filosofía de vida (Véase: netafísica).
Recuerdo mucho café, una tarde de tormenta en la que casi me caigo de cara al piso porque pisé granizo sin querer...
¿Y lo que aprendí?
Bueno, además de aprender que Don Quijote de la Mancha es LA obra (que no he terminado aún), que los libros para niños SÍ son literatura que vale la pena, que ser maestro y planear clases también tiene poquito chiste y demás, pasaron muchas otras cosas relevantes este año, cosas que sé que se quedarán conmigo un poco más que los conceptos que nos dictaron el miércoles pasado. Por ejemplo:
Conocí gente nueva, o más bien me acerqué más a gente que ya conocía y resultó que me cayeron bien. Me gusta porque ahora parece que hemos fundido los dos turnos en un enorme grupo súper extraño, y nunca creí que fuera posible, porque son TAAAAAAAAAAN diferentes.
Ejercité mi paciencia y resistencia al sueño teniendo que esperar horas y horas y horas por una clase que duraba horas y horas y horas después de haberme levantado a las 5:30 de la mañana.
Descubrí mi creciente amor por los tacos de La Cueva, mis mejores amigos cuando soy pobre, tengo hambre y mucho tiempo libre entre clase y clase.
Dormir en el pasto no es tan malo cuando...pues...tienes mucho MUCHO sueño (a veces mi resistencia al sueño no era muy buena).
No es necesario hablar durante una conversación para participar en ella.
No importa quién seas, de dónde vengas, tu sexo, edad, religión o clase social: Te va a gustar The fault in our stars.
Al contrario de lo que creía, mis vagos no necesitan alcohol para funcionar...no siempre.
Todos tenemos algo que decir, todos tenemos universos enteros en la cabeza, y cada quien lo dice como puede y como quiere. Tengo poetas, dibujantes, cantantes; tengo quien piensa en lenguaje cinematográfico, lenguaje científico, o quien se expresa con una perfección gramatical que resulta casi molesta. Tengo a quien le gusta hablar de forma rebuscada, a quien detesta que ella sea así, y a quien le importa un pepino.
Tengo a quien siempre dice algo interesante, algo gracioso, algo estúpido, algo...lo que sea.
Me doy cuenta de que al final nada de eso importa, de que hables como hables siempre habrá quien te quiera escuchar, quien te quiera leer y a quien le guste lo que dices, o por lo menos esté de acuerdo en algunos puntos.
Ya voy perdiendo el miedo a decir cosas...y por eso llevo 3 días seguidos bloggeando (por eso y porque no tengo nada mejor que hacer con mi vida).
<3
ResponderEliminar:3
ResponderEliminarPinchis adorables :3 <3
ResponderEliminar