Epifanía
Voy a sonar a señora de cincuenta años que no tiene idea de cómo usar Internet, pero en estos tiempos se ha vuelto cada vez más difícil guardar ciertas cosas.
No me refiero a "cosas" tal cual, sino a uno mismo. Y es que constantemente nos vemos invitados por todas las redes sociales existentes, o por la camarita de la computadora, o incluso por blogs como éste, a compartir más y más acerca de nosotros. Ya nada es privado, y a veces esto puede resultar positivo porque te conoces mejor y te abres más fácilmente a los demás...das a conocer tus gustos y disgustos, tus sentimientos y hasta tus mañas más enfermizas.
El problema viene cuando tratas de crear a alguien más para quienes te leen o te ven en Youtube o te siguen en Twitter...porque entonces ya no sabes quién eres ni por qué, ni si estás siendo falso o sólo estás descubriendo un lado de ti que no conocías.
Hay toneladas de datos inútiles que en otros tiempos no hubiera confiado ni a mi mejor amiga en el mundo, pero que ahora andan circulando por la red y los ondeo como una bandera de mi personalidad y mi vida interesantísima y súper única (sarcasmo, SARCASMO). ¿Hasta qué punto es sano? ¿Hasta qué punto es peligroso? ¿Hasta qué punto deseo realmente que Juan Cuerdas sepa que soy fan de Harry Potter o que no puedo pasar un día sin café o que tengo una caja llena de cartas que me han dado personas que ya ni siquiera reconocería en la calle? No lo deseo en absoluto, o más bien, NO ME IMPORTA si lo sabe o no...me es irrelevante, como seguramente yo le soy irrelevante.
Entonces, si lo que se publica diariamente termina siendo irrelevante para todo el mundo y me da igual si les da igual a quienes lo leen, ven, etc...¿cuál es el maldito punto de compartirlo?
Pierdo perspectiva y significado. Estoy abierta a las soluciones de este profundísimo problema existencial.
No me refiero a "cosas" tal cual, sino a uno mismo. Y es que constantemente nos vemos invitados por todas las redes sociales existentes, o por la camarita de la computadora, o incluso por blogs como éste, a compartir más y más acerca de nosotros. Ya nada es privado, y a veces esto puede resultar positivo porque te conoces mejor y te abres más fácilmente a los demás...das a conocer tus gustos y disgustos, tus sentimientos y hasta tus mañas más enfermizas.
El problema viene cuando tratas de crear a alguien más para quienes te leen o te ven en Youtube o te siguen en Twitter...porque entonces ya no sabes quién eres ni por qué, ni si estás siendo falso o sólo estás descubriendo un lado de ti que no conocías.
Hay toneladas de datos inútiles que en otros tiempos no hubiera confiado ni a mi mejor amiga en el mundo, pero que ahora andan circulando por la red y los ondeo como una bandera de mi personalidad y mi vida interesantísima y súper única (sarcasmo, SARCASMO). ¿Hasta qué punto es sano? ¿Hasta qué punto es peligroso? ¿Hasta qué punto deseo realmente que Juan Cuerdas sepa que soy fan de Harry Potter o que no puedo pasar un día sin café o que tengo una caja llena de cartas que me han dado personas que ya ni siquiera reconocería en la calle? No lo deseo en absoluto, o más bien, NO ME IMPORTA si lo sabe o no...me es irrelevante, como seguramente yo le soy irrelevante.
Entonces, si lo que se publica diariamente termina siendo irrelevante para todo el mundo y me da igual si les da igual a quienes lo leen, ven, etc...¿cuál es el maldito punto de compartirlo?
Pierdo perspectiva y significado. Estoy abierta a las soluciones de este profundísimo problema existencial.
Comentarios
Publicar un comentario