Bla bla blah...

Sí, las palabras me importan en demasía (por algo estudio Letras, carajo).
Puedo perdonar un error si no es ortográfico.
Puedo olvidar, pero nunca un acento.
Puedo hacer de mi vida una metáfora y de mi tiempo una historia.
Las líneas de tu boca pueden enredarse en mi memoria, pero jamás las palabras salidas de ella.
No sé dibujar, pero sé describir con detalle enfermizo lugares, caras y gestos.
Yo no veo, yo leo...leo miradas y sonrisas y versos de realidad. Leo aquellos poemas que nunca escribiste, las canciones que compones en sueños y los sueños que conviertes en rimas.
Yo no hablo, yo escribo...escribo ficciones salidas de tus labios y transcribo lo que digo, lo que dije, lo que te dije y te canté. Recito los días en prosa monótona y cada sentimiento lo vuelvo poesía, MI poesía.

Sí, las palabras me importan cuando las entiendo, cuando las pienso y las siento. Me importan aún más que los actos...ACTOS...hablar, escribir, leer, escuchar; todos verbos, todos ACTOS, todos vivos.
Como la mayoría de las personas, no suelo usar palabras que no conozco...así que cuando diga TE AMO será porque conozco el amor.
Amar también es palabra, también es verbo y también es acto. Se dice, se escribe y se lee a diario; aunque curiosamente y contrarios a mi creencia, muchos la usan sin conocerla en absoluto (en este momento, más de alguno correrá a consultar el diccionario más cercano).

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