Blogmas 14-25

Este año me rehusé a casi todas mis tradiciones navideñas e hice cosas nuevas.
Ha sido un tema recurrente el rehusarme a hacer cosas que antes disfrutaba sin cuestionármelo, y creo que tiene algo que ver con que poco a poco me estoy moldeando otra vida con lo que me queda después de haber perdido y renunciado a tanto. 

Esta Navidad no tuve un arbolito, no vi Love Actually ni The Holiday ni películas de Mickey Mouse; no hubo una posada gigante y estruendosa con mis viejos amigos, más bien un par de reuniones íntimas con quienes se han quedado y quienes apenas llegan en formas que percibo más permanentes, aunque podría estar equivocada.
No di regalos, no recibí regalos, no bebí ponche, no disfruté tanto la posada del trabajo como otros años y ni siquiera le di una mordida al postre en Nochebuena. 

A pesar de todo esto, no me sentí triste ni nostálgica. Pasé el 23 con mis amigas desayunando, charlando, viéndolas empaparse con el calor del sol y pensar cuidadosamente qué obsequios llevar a sus seres queridos. Por la noche Carlos y yo bebimos ron y platicamos por horas y horas en la mesa, el uno frente al otro, con Zena a nuestros pies.
El 24 vimos Anastasia en la cama, y paseamos un rato y fuimos al súper y comimos tacos. La cena terminó temprano y sin faramalla, y no hubo la risa ni la vivacidad de siempre... La mayoría estábamos concentrados en cuidar de otros: de las sobrinas, de la pareja, de la comida. Nadie estaba presente.
Ayer, 25, fue otro bonito día en casa con comida especial, cinco episodios festivos de Friends, lectura y gran variedad de bebidas calientes y reconfortantes. Sentí gran libertad y satisfacción al no tener que responder a nadie por no asistir a compromisos sociales. Y casi no pensé en quienes ya no están, y casi no pensé en comida y sus consecuencias... casi no.

Hoy sigo en casa y me preparo para viajar en algunos días. A veces me da emoción y a veces me abruma pensar en pasar cuatro noches lejos con mucha gente, sin mi perra y con ganas de encerrarme en el baño a leer. Tampoco puedo rehusarme a ir porque sé que me arrepentiría y lastimaría a quien menos lo merece. Pero está bien, algunas tradiciones permanecen y otras cambian de forma o simplemente se desvanecen con el tiempo.

Está bien...

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