Sister, sister...
Mi hermana y yo somos polos opuestos...sí, sé que suena a cliché, pero es la verdad.
Físicamente no tiene importancia, teníamos que ser diferentes, la naturaleza así lo dicta, pero en cuanto a todo lo demás, no sé cómo nos las ingeniamos para ser tan totalmente distintas. ¿De verdad? ¿ni una sola similitud?
Ella disfruta de ir a bares, antros, fiestas, reuniones, cada fin de semana desde los catorce años; ella puede pasar horas decidiendo la ropa que va a usar, cómo se va a maquillar, a peinar y qué zapatos combinan más exactamente con su atuendo.
Ella pasa horas frente a la computadora viendo fotos de eventos sociales, accesorios, gente gente GENTE y peinados y cosméticos. Ha tenido más novios que años de vida (o al menos van a la par...ok, quizá un poco menos) y cuenta con gran cantidad de grupos de amigos a los que puede recurrir si se harta de salir con uno solo.
Yo, en cambio, prefiero quedarme en casa, leer, ver series hasta que me duelan los ojos, escribir de vez en cuando. Salgo, sí, pero sólo cuando la ocasión lo amerita o cuando estoy cansada de mí misma. Tampoco me disgusta salir sola.
Mi criterio de vestimenta se basa en tres puntos fundamentales: 1.- Limpieza 2.- Comodidad 3.- Si es adecuado para las condiciones climáticas... no hablemos de maquillaje, si estoy motivada puedo llegar a rimel y rubor.
En cuanto a hombres sólo diré: JA! y mis círculos de amistades actuales se reducen a dos: escuela actual y escuela pasada. No suelo asistir a eventos sociales y nunca salí con nadie de "mi cuadra", así que sólo conozco gente donde TENGO QUE conocer gente.
He de confesar que muchas, infinitas veces la he juzgado, incluso he llegado a gritarle sus defectos en la cara, pero creo que es sólo mi deseo de tener más cosas en común con ella el que habla...y no sólo de tener cosas en común, sino de que ella sea más como yo, porque yo me daría un tiro en la cabeza antes de ser como ella (sí, seguramente ella piensa lo mismo).
Así pues, nuestras conversaciones se reducen a cosas fundamentales como "¿qué vamos a comer?", "¿dónde está mi mamá?" y "te tocan los trastes".
Sin embargo, existen pequeños, minúsculos momentos en los que de verdad parecemos hermanas. Esos en los que, como mujeres que somos, no podemos resistir chismear, o criticar a alguien, o ambas cosas a la vez. O quizá estamos de muy buen humor y bromeamos sobre cosas sin importancia que después se convierten en los chistes más graciosos del universo y se nos dificulta respirar por tanto reír....
Y si tengo mucha, pero MUCHA suerte, puedo llegar a decirle alguna de las ideas que pasan continuamente por mi cabeza respecto a nuestra falta de convivencia no-intencional, como "ojalá tuviéramos más en común. Podríamos ir juntas a la FIL mañana" y ella se encuentre en un extraño lapsus de receptividad y diga "Está bien, puede que encuentre libros de deportes o merca deportiva" (ah sí, ella ama el fútbol, a mí me aburre un poco).
Físicamente no tiene importancia, teníamos que ser diferentes, la naturaleza así lo dicta, pero en cuanto a todo lo demás, no sé cómo nos las ingeniamos para ser tan totalmente distintas. ¿De verdad? ¿ni una sola similitud?
Ella disfruta de ir a bares, antros, fiestas, reuniones, cada fin de semana desde los catorce años; ella puede pasar horas decidiendo la ropa que va a usar, cómo se va a maquillar, a peinar y qué zapatos combinan más exactamente con su atuendo.
Ella pasa horas frente a la computadora viendo fotos de eventos sociales, accesorios, gente gente GENTE y peinados y cosméticos. Ha tenido más novios que años de vida (o al menos van a la par...ok, quizá un poco menos) y cuenta con gran cantidad de grupos de amigos a los que puede recurrir si se harta de salir con uno solo.
Yo, en cambio, prefiero quedarme en casa, leer, ver series hasta que me duelan los ojos, escribir de vez en cuando. Salgo, sí, pero sólo cuando la ocasión lo amerita o cuando estoy cansada de mí misma. Tampoco me disgusta salir sola.
Mi criterio de vestimenta se basa en tres puntos fundamentales: 1.- Limpieza 2.- Comodidad 3.- Si es adecuado para las condiciones climáticas... no hablemos de maquillaje, si estoy motivada puedo llegar a rimel y rubor.
En cuanto a hombres sólo diré: JA! y mis círculos de amistades actuales se reducen a dos: escuela actual y escuela pasada. No suelo asistir a eventos sociales y nunca salí con nadie de "mi cuadra", así que sólo conozco gente donde TENGO QUE conocer gente.
He de confesar que muchas, infinitas veces la he juzgado, incluso he llegado a gritarle sus defectos en la cara, pero creo que es sólo mi deseo de tener más cosas en común con ella el que habla...y no sólo de tener cosas en común, sino de que ella sea más como yo, porque yo me daría un tiro en la cabeza antes de ser como ella (sí, seguramente ella piensa lo mismo).
Así pues, nuestras conversaciones se reducen a cosas fundamentales como "¿qué vamos a comer?", "¿dónde está mi mamá?" y "te tocan los trastes".
Sin embargo, existen pequeños, minúsculos momentos en los que de verdad parecemos hermanas. Esos en los que, como mujeres que somos, no podemos resistir chismear, o criticar a alguien, o ambas cosas a la vez. O quizá estamos de muy buen humor y bromeamos sobre cosas sin importancia que después se convierten en los chistes más graciosos del universo y se nos dificulta respirar por tanto reír....
Y si tengo mucha, pero MUCHA suerte, puedo llegar a decirle alguna de las ideas que pasan continuamente por mi cabeza respecto a nuestra falta de convivencia no-intencional, como "ojalá tuviéramos más en común. Podríamos ir juntas a la FIL mañana" y ella se encuentre en un extraño lapsus de receptividad y diga "Está bien, puede que encuentre libros de deportes o merca deportiva" (ah sí, ella ama el fútbol, a mí me aburre un poco).
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