Crónicas canadienses Parte 2: THE Back to School

Me hacía falta, pero no me había dado cuenta de lo mucho que lo echaba de menos...

Necesitaba la escuela; moverme por pasillos desconocidos, chocando con gente que me abre la puerta o se disculpa con una sonrisa que probablemente no volveré a ver.
Extrañaba sentarme incómodamente en medio de dos cuerpos anónimos, mantener el café en precario equilibrio en una banca diminuta y escuchar--escribir--releer lo escrito y hacerme preguntas nuevas. En pocas palabras, extrañaba el bonito protocolo de aprender.
Añoraba con ganas ponerme en los zapatos de otros, imaginar vidas pasadas de las que hasta ahora me entero, o bien vidas presentes que se mueven a mi alrededor y que están ahí para que yo vuelva a crearlas en mi cabeza llena de palabras en inglés y preguntas, siempre preguntas.

Me moría por volver a utilizar mi mente. Utilizarla en serio, como una herramienta y no como un juguete, aunque a veces puede ser ambas a la vez.
Conocer nuevos nombres, ver otras caras, descubrir autores que no existían la semana pasada y cuyas palabras quizá me marquen por siempre, como tantas otras que siempre tendré tiempo para revisitar.

Quizá parte de lo que convierte este regreso a la escuela en algo más importante aun, es saber que no podré volver a los mismos muros, gente, notas ni clases. Es una sola oportunidad de tomar todo lo que pueda y llevarlo conmigo; volver con las manos llenas de libros y la cabeza llena de otras voces y otros ojos y otros mundos.

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