Me gustas los miércoles

Sobre la vida cotidiana puedo decir que me gusta...sobre todo los miércoles.
Para mi los miércoles significan placer, pero no placer físico, sexual o esas clases de placer que se suelen asociar con la palabra.
No, este placer es confortable, es estar en casa sin estar, es beber pequeños sorbos de café azucarado con la brisa de mediodía entrando por la ventana, es escuchar bostezos, voces bajitas y el monótono timbre gringo que me lleva automáticamente a pensar en décadas de rock en otros lugares, lejos, muy lejos de aquí.
El placer, lo admito, también es verlo a él; al héroe ocupado, al príncipe mudo que arregla el mundo con sólo una sonrisa, su sonrisa de caballero andante atrapado en otra época, en otro universo y, sin saberlo, en mis sueños más superficiales, casi infantiles...

Y aunque resulte extraño, también ella me produce cierto placer...más que placer, fascinación. Me divierte imaginar cómo será su vida fuera de estas mohosas paredes, si vivirá atrapada entre su mente ordinaria y su mente platónica, poética, fantástica, como una película de esas dulces, amargas y ligeramente perturbadoras...ya sabes, de esas que vale la pena ver una y otra vez.
Quisiera...de verdad quisiera ver su película...
Su perfume floral me remite a veranos inacabables, tardes lluviosas y citas ciegas, a ciegas, un verano ciego como he tenido por montones.

Y sigo pensando, y me pregunto, y me sonrío al crear sus vidas en mi cabeza como si se tratara de juguetes, como si mi infancia no tuviera fin, ni la de ellos, ni mi placer al jugar con ellos mientras sigo bebiendo, sigo escribiendo, sigo añorando esas noches de calor, humedad y sonrisas de satisfacción después de haber creado un mundo perfecto con personajes de mi diario.

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