New Year's day
El fin del 2017 ha sido el más emocional de mi vida. Ni siquiera cuando viví pegada al celular a ver si un fulano me marcaba para desearme feliz año me sentí así.
A mi alrededor había abrazos y palabras de amor susurradas al oído de hermanos, primos, tíos, padres, hijos... por momentos extrañé más a quienes yo no podía abrazar, a quienes este año había arrastrado la corriente, a quienes no pudieron salvar la distancia física, la emocional...
Pero al volver a casa encontré claridad y propósito, y me he aferrado a ellos durante esta semana y he logrado mantenerme enfocada no en pensamientos positivos o listas de las miles de metas que procrastinaré; sino en cómo se siente mi cuerpo cuando lo muevo diariamente y tomo mejores decisiones respecto a la comida, cómo se siente mi cabeza cuando me encargo de enfrentar pensamientos obsesivos o poco productivos justo cuando están ocurriendo, sin esperar a que me caiga del cielo una oportunidad para reflexionar y abriéndome tiempo y espacio para hacerlo. Estoy siendo proactiva.
Estoy desarrollando interés en cosas que jamás creí que me llamarían ni poquito la atención, como toda esta onda de los chakras y el yoga y la meditación. Obviamente con cierta reserva, consciente de que la forma de practicar estas ideologías en occidente probablemente tienen más que ver con una agenda capitalista que con cualquier otra cosa... en fin, aprender más sobre todo esto y comenzar a tomar en cuenta otros aspectos de mi salud, mi personalidad y mi bienestar me están ayudando a ver distinto, a cuidarme distinto y a establecer conexiones entre detalles en los que nunca había reparado o que nunca había relacionado. Ha sido una serie interesante de descubrimientos que no sé hasta dónde me llevará pero a la que no le pongo trabas.
Comentarios
Publicar un comentario