No a la dieta nunca más

Siento que he estado en un retiro de silencio desde la última vez que publiqué algo aquí, y no fue intencional ni nada. 
Creo que estoy pasando por un periodo de transformación profunda, remasterizándome como película viejita de Disney.



Como mencioné en algún post del pasado, mi cuerpo está cambiando, creciendo y comportándose de formas extrañas que no sé si asociar a mi vida con el novio, a la no-ansiedad o a las hormonas locas de los veintes. Me siento muy rara, irreconocible, me veo al espejo y veo... no sé, algo que no soy yo.
Dejé de hacer ejercicio por un par de meses y seguí comiendo igual y, obviamente, subí de peso. Lo que me molesta es que ni siquiera lo vería como algo preocupante si mi infancia entera no hubiera sido una sarta de "te estás poniendo bien chonchis" y mi adolescencia entera no hubiera sido una lucha encarnizada por pesar cincuenta kilos. ¿Por qué cincuenta? Porque eso pesaban las flacas de mi salón, con estaturas, complexiones, hábitos y metabolismos COMPLETAMENTE DIFERENTES a los míos *scoffs at past self*.
Me encantaría venir a decir que no importa, eso está en el pasado y he aprendido a que así funcionan los cuerpos de la gente y he desaprendido lo que "la sociedad" me dice que DEBE ser mi cuerpo; que debo hacer mil y un maniobras para bajar de peso, definir el abdomen, quitar grasa, quitar celulitis, quitar estrías, quitar arrugas, quitar cicatrices, quitar granos, quitar quitar quitar hasta que no me quede nada....
Pero ¡oh, dios! Incluso a mis 24, escuchando podcasts feministas, teniendo amigas feministas, siguiendo Instagrams de cuerpos positivos y admirando frenéticamente a mujeres cuyos cuerpos no son aceptables para la revista Cosmopolitan (ya sé que puse un artículo de Cosmo en este post, not the point), me sigue deprimiendo horrible ver que mis lonjitas se salen de mi pantalón, viendo ese nuevo agujerito celulítico en mi pierna o imaginando que mi papada me come mientras duermo.
Es horrible y no es justo. Cada cambio importante que suceda en mi vida cambiará mi cuerpo, así es como debe de ser. ¿Por qué cuesta tanto trabajo internalizar lo que es obvio?
Frustraciones aparte, vengo con un mensaje importante para quien esté leyendo esto y pensando "wey, ponte a dieta, soy nutrióloga, conozco a una nutrióloga, mi nutrióloga ya me quitó 20 kilos, la neta sí te ves bien gorda, me estoy inyectando cosas, me voy a operar el estómago, tu hermana está bien buena, pregúntale, etcétera.":

NO. VOLVERÉ. A. HACER. DIETA. JAMÁS.

Diet free
¿Por qué?, preguntarán. Una dieta bien hecha cambia tus hábitos alimenticios para siempre y te hace más saludable y feliz porque ya no te odias cuando te vistes ni cuando comes ni cuando te ves en traje de baño ni cuando nada. A lo cual yo les digo:

JAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA.

Para mí, en mi opinión y muy particular punto de vista y experiencia como de 5-6 años a dieta, no fue algo saludable.

--Ay no, pero si te veías superbien.

Ajá, y no había día en mi vida que no le preguntara a mi mamá que íbamos a comer para poder planear lo que iba a desayunar, a cenar, a comer a media mañana y media tarde, apuntándolo en mi agenda, poniéndome palomita cuando lograba cumplir la dieta de pe a pa y tache si me comía Una. Galleta., porque entonces ya me pasé 50 calorías y ya valió madre todo y para qué sigo la dieta si de todos modos ya la cagué y pos me como todo el paquete... 
¿Saludable, eh?

Tengo un nudo en la garganta mientras escribo esto porque ahora me pregunto cómo hubiera vivido mis días si no hubieran girado alrededor de la comida y de coleccionar comentarios que legitimarían lo que estaba haciendo. Lo peor de todo es que hasta hace muy poco entendí que no estuvo bien, que mi comportamiento fue obsesivo y dañino para mi salud mental, para mi autoestima; porque como me sentía sobre mí misma dependía directamente de si tenía siete palomitas en el calendario esa semana; y lo más triste es que nadie, ni siquiera mi mamá, me dijo que me detuviera, porque el premio gordo era no ser gorda, que se jodiera todo lo demás. Incluso ahora, con esta nueva subida de peso, me sorprendo contando porciones de cereales, grasas y azúcares y sintiéndome Bruce Bolaños cada vez que se me antoja un brownie con helado. 
No es una forma bonita de vivir. Si quiero comerme un brownie con helado quiero disfrutar mi brownie con helado sin obsesionarme con cuántos fucking carbohidratos me estoy comiendo, y es aún muy difícil, y no debería.

1.- Ponerme a dieta no me hará mejor persona ni más bonita ni me hará quererme más. Prefiero enfocar mi energía en desaprender lo que me ha hecho daño.
2.- Comer postre NO es pecado. Mil veces he escuchado e incluso he dicho "ay, no debería, pero..." CÁLLATE. Si se te antoja y no eres diabético cómetelo, chingadamadre, no vendrá la Policía del Pastel a arrestarte por comerte un paquete de twinkies que te hicieron MUY feliz. Nadie. Neta. 
3.- Ya no quiero calcular cuánto ejercicio debo hacer para quemar cuántas calorías. Acabo de entrar a natación y me gusta porque me hace sentir fuerte, me relaja machín y me enseña a respirar. OBVIO googleé que quemo 500 calorías en una hora nadando de crol, pero ahora quiero olvidarlo porque no me importa si no quemo nada, lo seguiría haciendo por cómo me hace sentir.

Eeeeeeeeeeeeeeeeeen fin, es un viaje largo que parece no acabarse nunca, y apesta. Por mi propio bien espero reentrenar a mi cerebro para que deje de contar porciones en automático y mejor se ponga a pensar por qué chingados esto es importante y para quién. Espero un día encontrarme en el espejo y verlo todo, y ser completa y genuinamente feliz.


Comentarios

Entradas populares de este blog

The Urge

#SorryNotSorry

Entrada