On sadness
"Cada vez nos quedan menos partidas", pienso, tratando de darme ánimos.
¿La verdad? No me siento nada animada. No me canso de decir que me siento triste, genuinamente triste, de esa tristeza que es como una gripe y que eventualmente pasará. Que, como cualquier virus, tiene una razón de ser e igual tendrá una razón para irse.
No le doy la bienvenida ni nada, ni me gustaría regodearme o quedarme mucho tiempo en este estado, como suelo hacer a veces con ataques de ansiedad y la jodida parálisis que me causa.
En fin, estoy triste, y sé que la principal razón es que no está... cuando no está, me doy cuenta de que tal vez debería ser más atenta con mis amigos, hablar con ellos para otra cosa que no sean planes para vernos; pero sucede que no soy la única con ese problema, sucede que todos estamos tratando de desenredar esa madeja etiquetada como ser adulto. No diría que somos muy buenos ni que sabemos realmente organizar nuestras prioridades. Es como si estuviéramos enfocando nuestra atención en una sola cosa a la vez, dejando de lado a los demás. Así que tanto abandono como me abandonan. Es justo, pero no por eso alentador.
Entonces me entran ganas de verlos, de hablar con alguien, de salir, pero no son ganas de verdad. Son idealizaciones de lo maravilloso que sería, pero cuando miro a la realidad es más atractivo quedarme en casa, acostadita sin hacer nada. Y no es que les importe, seamos honestos, pero me gustaria que nos importara más a todos... y eso me pone triste.
Luego pienso que soy una experta en ser feliz sola: viendo Netflix, Youtube, leyendo los libros que me compré en la FIL o releyendo favoritos navideños. ¿Pero saben qué?, no me dan ganas. Estoy enferma, tengo gripa, y me lloran los ojos y no puedo enfocarme y no disfruto leer. No puedo leer.
Tampoco escribir (créanme, estoy haciendo un esfuerzo porque si no saco esto de la mente no voy a poder dormir) ni respirar ni nada.
Sigue pensar en las maravillosas reuniones familiares, que aunque tenemos todo el año se sienten diferentes en navidad. Luego me doy cuenta de que cada vez somos menos los que se unen, de que él no va a estar, de que la vez que estuvo fue hermoso y de que me gustaría repetirlo... y lo extraño otra vez.
No me gusta pensar que la forma en que me siento o mis actos en la vida dependen de la presencia de alguien más, pero cuando ese alguien se ha convertido en tu casa, tu familia, tu mejor amigo, es difícil no querer pasar con él, más que con cualquier otra persona, tiempos como éste.
Es horrible. Las despedidas son horribles, y uno pensaría que después de tantas nos hemos acostumbrado, pero sucede al revés. Cada vez apesta más. Y creo que la forma de protesta de mi cuerpo es bastante obvia.
En pocas palabras, sigo parada en medio de todo y sin moverme, para variar. Soy observadora, pensadora y no tanto hacedora de cosas. Pero es temporal, y supongo que la melancolía nos ataca a todos en esta época del año y que no soy tan especial ni víctima después de todo. Eso ya lo sé, pero no hace lo que siento menos válido o verdadero.
En fin, felices fiestas a todos por siempre.
Espero poder leer algo mañana.
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