Que conste que no es mi culpa.
Que conste que yo también me rompí.
Intento justificar por qué me importa, por qué me siento responsable, por qué grité y lloré tantas veces, por qué a veces odié haberte encontrado antes de lo planeado...por qué sigo llorando un día sí y otro no...
Intento entender por qué sigo tratando de acomodar mis pedazos, de reconstruirme, de ser la misma que era antes de ti...porque es lo más parecido que guardo a tu ausencia, lo menos doloroso, la solución perfecta.
Me odio por querer pensar que soy yo...me odio por querer ser yo y no ser ya más que una idea, un recuerdo, un hueco enorme que no llenas con nada,
Sé que no debo pedir perdón. Sé que si lo hiciera, no arreglaría nada. Sé que duele aunque parezca que no sé cuánto, parece que eso lo sabes tú...pero yo sé cómo.
Duele como duele el abandono, la soledad, las caminatas errantes y las sonrisas extrañas.
Duele como saber qué hacer para remediarlo y tener que esperar, como la espera misma, como la eternidad de otro día...
La única paz que encontramos hoy está en silencios, en vacíos, en horas sobre las que nos abalanzamos y llenamos de risas falsas y conversaciones superfluas, Más historias, otra identidad...esa en la que tratamos de ser y no estamos.
No estoy.
No estás.
Perdón.
Comentarios
Publicar un comentario