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No sé si tenga que ver con el hecho de que acabo de ver The Fault in Our Stars (no-ma-mes vela, YA!) justo después de haber leído la mayor parte de The Fault in Our Stars en menos de veinticuatro horas, pero me siento...hmmm...cómo decirlo para que suene correcto?...RIDÍCULAMENTE enamorada; asumiendo que, según recuerdo de mis clases en semestres pasados, lo ridículo es la exageración de un elemento más o menos convencional en la literatura para volverlo cómico.
Sí, así es mi vida hoy. Es la representación del meme PUKE RAINBOWS, es imposiblemente rosa, bonita, al grado de que, mientras caminábamos por tercera vez sobre las mismas banquetas que nos vieron caminar hace 8 meses bajo la lluvia, me quedaba pensando en la mejor forma de describir lo que veía, lo que sentí, el hecho de que literalmente caminábamos de la mano bajo la puesta de sol. LI TE RAL MEN TE.
Algo tiene Chapalita, algún poder cósmico-mágico que me hace "notar". Notar absolutamente todo, cada detalle. Incluso lo más absurdo se vuelve especial cuando lo veo con él, ahí, juntos. Pero más que todo el desborde de amor y maravillosidad que pueda causarme el volver a donde todo comenzó con la misma persona con quien lo empezado continuará por siempre, el entorno era, en serio, tremebundamente, ESTÚPIDAMENTE romántico ante mis ojos. ¿Efectos de la película? ¿el libro? ¿John Green? ¿Carlos Adolfo Ignacio Pedro Casillas? ¿todo lo anterior? o simple casualidad.
Casualmente caminamos en línea recta y pasamos por un café en que un hombre con barba entrecana tocaba Guadalajara, Guadalajara con una flauta. Una pareja sumamente amable nos cedió el paso tan cortésmente que me dieron ganas de hacer una reverencia y pensé que el señor diría algo como "una hermosa flor para la hermosa flor que lleva del brazo, distinguido caballero" (asumiendo que mi novio sea un distinguido caballero (broma)) y me daría una rosa o algo.
Seguimos adelante y, porque sí, nos besamos afuera de una iglesia. That's the christian dream! (not. Pero ya saben, cliché). Luego encontramos árboles adornados de muchos colores, y encontrábamos lugares con lucecitas y adornos y cosas que quizá habían estado ahí todo el tiempo, pero nunca antes habíamos notado.
En ningún momento pasó por mi cabeza el tomar todos estos extraños acontecimientos y el haberlos presenciado con él como señales divinas de que somos el uno para el otro y nos vamos a casar y tendremos muchos hijos y seremos felices por siempre. Aunque, en el mood en que nos encontrábamos, bien pude haberlo hecho. Más bien pensé (obviamente) en Augustus Waters y sus metáforas, y sus símbolos. Funky bones, los tulipanes, el cigarrillo... pensé en que construimos el significado de nuestras propias conductas, de nuestras propias experiencias; creamos nuestros propios códigos, nuestros propios símbolos.
Para él, el que haya olvidado mi labial en su mochila hace una semana simbolizó algo...quizá algo cercano a lo que simbolizó para mí el haber visto juntos la película basada en el primer libro que le presté...o quizá no es nada similar, quizá nunca seamos capaces de explicar al otro por qué todas estas simplonerías son importantes, por qué resuenan, por qué escucho ecos de las conversaciones que tuvimos en la primera cita cada vez que caminamos de Chapalita a Patria, por ejemplo.
Es lindo, supongo. No es necesario descifrar por completo el código del otro. Basta con saber que lo compartimos, que ambos notamos ciertas cosas y les damos significados que son distintos y a la vez nos unen más. Creo que eso vale más que cualquier señal divina.
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