Te leo, te juro que te leo...
La cafeína me orilla a escribir; a leer, sin embargo, me obliga mi conciencia.
Mi conciencia pesada como un luchador de sumo, mi alma que no halla la calma si no desenreda un nudo.
Si no se detiene a saborear una línea, un verso, una canción...si no se cuenta a sí misma una historia que la haga volver a entrar en razón.
Pienso que probablemente se conoce mejor a la gente por lo que lee que por lo que escribe.
Yo, que hago un poco de ambas, a veces oculto la cara detrás del papel y meto las manos en los bolsillos; eso sí, sujetando la pluma firmemente (cobarde).
Sin embargo, me es imposible no desnudarme ante las páginas de un libro abierto, ante otro autor y las palabras que tantas veces he deseado tener en mi boca, en mi mano, al alcance de mi pobre pensamiento listas para ser usadas en caso de emergencia, de abandono o desconcierto.
Sé que no soy la única, sé que a todos les sucede. Sé que cuando me dices "lee esto" en realidad quieres que te lea a ti, que te conozca, que pueda tocar y sentir todo aquello que no eres capaz de explicar por ti mismo...
A veces nuestras palabras no son suficientes, a veces necesitamos encontrarnos en la página 262 del libro que nos recomendó el primo del hermano de la novia de nuestro mejor amigo...a veces, simplemente, nos da tanto miedo buscarnos que preferimos que otros nos resuelvan el misterio y, de algún modo, parece que siempre hay alguien allá afuera tecleando a toda velocidad nuestra historia, nuestra vida, hilando nuestro destino y adivinando nuestro futuro en pocas o muchas páginas que, para nosotros, valdrán toda la pena del mundo llegar a leer.
Mi conciencia pesada como un luchador de sumo, mi alma que no halla la calma si no desenreda un nudo.
Si no se detiene a saborear una línea, un verso, una canción...si no se cuenta a sí misma una historia que la haga volver a entrar en razón.
Pienso que probablemente se conoce mejor a la gente por lo que lee que por lo que escribe.
Yo, que hago un poco de ambas, a veces oculto la cara detrás del papel y meto las manos en los bolsillos; eso sí, sujetando la pluma firmemente (cobarde).
Sin embargo, me es imposible no desnudarme ante las páginas de un libro abierto, ante otro autor y las palabras que tantas veces he deseado tener en mi boca, en mi mano, al alcance de mi pobre pensamiento listas para ser usadas en caso de emergencia, de abandono o desconcierto.
Sé que no soy la única, sé que a todos les sucede. Sé que cuando me dices "lee esto" en realidad quieres que te lea a ti, que te conozca, que pueda tocar y sentir todo aquello que no eres capaz de explicar por ti mismo...
A veces nuestras palabras no son suficientes, a veces necesitamos encontrarnos en la página 262 del libro que nos recomendó el primo del hermano de la novia de nuestro mejor amigo...a veces, simplemente, nos da tanto miedo buscarnos que preferimos que otros nos resuelvan el misterio y, de algún modo, parece que siempre hay alguien allá afuera tecleando a toda velocidad nuestra historia, nuestra vida, hilando nuestro destino y adivinando nuestro futuro en pocas o muchas páginas que, para nosotros, valdrán toda la pena del mundo llegar a leer.
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