Volver a lo mío

Lo admito, una parte de mi esperaba otro tipo de sorpresa. Esa parte que, aunque dormida, sigue viva.
Lo admito, aunque parecía no darle importancia, estuve esperando que este día llegara durante toda la semana.
Lo admito, miles de ideas pasaron por mi cabeza, excepto, claro, la realidad. Pero también admito que la realidad, en cierto modo, superó mis expectativas.
Hay cosas que no esperaba, por ejemplo, que fuera puntual, que abriera mi puerta, que (sí, por primera vez) saliéramos totalmente solos y me invitara todo el café que pudiera soportar. No esperaba tampoco que quisiera hablar sobre el pasado, sobre ese "nosotros" que jamás dejamos existir y que muy probablemente nunca suceda. Pero está bien, lo sabe, lo sé, lo aceptamos, lo reímos incluso.
Hay cosas que deseaba. Bueno, en realidad sólo hay una: besarlo. Pero no besarlo como quien besa a un gringo en un antro sólo por ser gringo, sino como quien besa fotografías viejas o peluches rotos; con ternura, delicadeza y, sobre todo, con cariñosa nostalgia. Como quien besa a un amigo, a un fantasma.
Hay en especial un "algo" que no recordaba y que, sin embargo, lo hizo ser "él" desde hace ya una eternidad...
Dedicaba a ella canciones, párrafos enteros, palabras, momentos; volcaba en ella todo mi corazón de quinceañera y mis esperanzas y mis sueños. Detrás de ella se ocultaba mi primer amor, mi primer todo, mi primer nada... la sonrisa más bonita, más franca que jamás haya visto. Su sonrisa. MI sonrisa.

Hablamos de todo. Le conté mucho de mi vida, me contó poco de la suya, pero ¿a quién le importa? me sonreía, me miraba directo a los ojos mientras me pedía perdón por ese "nada", por esa primera noche de lágrimas derramadas por pura decepción, por poco pero puro amor.

Volví a mirarlo, vi a alguien nuevo. Vi a aquél que siempre quise encontrar cuatro años atrás y casi me arrepentí de haberlo compartido con ella (¿A quién engaño? fue más suyo que mío). Es tarde, muy tarde y lo sabemos. Pero no importa, él sonreía.
Contemplo ahora un pasado que creí perdido para siempre. Los besos que nunca dimos, las palabras que por cobardes jamás dijimos y que por niños jamás nos atreveríamos. Toda esa nada ha vuelto, todo resulta ahora tan insignificante, tan viejo, y sin embargo sigue intacto sin importar la vida que ha pasado desde entonces. Me sigue perteneciendo y él...él sólo me sigue sonriendo.


Comentarios

Entradas populares de este blog

The Urge

#SorryNotSorry

Entrada