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Mostrando entradas de agosto, 2012

Te leo, te juro que te leo...

La cafeína me orilla a escribir; a leer, sin embargo, me obliga mi conciencia. Mi conciencia pesada como un luchador de sumo, mi alma que no halla la calma si no desenreda un nudo. Si no se detiene a saborear una línea, un verso, una canción...si no se cuenta a sí misma una historia que la haga volver a entrar en razón. Pienso que probablemente se conoce mejor a la gente por lo que lee que por lo que escribe. Yo, que hago un poco de ambas, a veces oculto la cara detrás del papel y meto las manos en los bolsillos; eso sí, sujetando la pluma firmemente (cobarde). Sin embargo, me es imposible no desnudarme ante las páginas de un libro abierto, ante otro autor y las palabras que tantas veces he deseado tener en mi boca, en mi mano, al alcance de mi pobre pensamiento listas para ser usadas en caso de emergencia, de abandono o desconcierto. Sé que no soy la única, sé que a todos les sucede. Sé que cuando me dices "lee esto" en realidad quieres que te lea a ti, que te conozca...