Nothing in the world like a sore stomach for the right reasons.
Estoy cansada. Pero no es el cansancio al que me tengo acostumbrada. No es ese hastío indescifrable que devora todo y disfraza mi ansiedad. No es un estado mental. No son ganas de dormir como alternativa a todo lo demás, porque no hay más remedio, porque ya no puedo con el día o se acabó el agua caliente de la regadera. No quiero evitar nada, no quiero despertar cuando me de menos miedo. No estoy harta, ni quiero llorar sin razón aparente, ni me tiemblan las manos, ni me duele la cabeza de esa forma intermitente que tanto me descontrola. No. Este es el cansancio de hacer todo y no pensar nada. De caminar por horas, asolearme, apretar su mano muy fuerte, subir, bajar y reír hasta que duele la panza. Hoy volví a casa envuelta en un silencio tranquilo, sin ruidos molestos en mi cabeza; con los ojos pesados, el cuerpo entumido y la sonrisa medio desvanecida no por falta de motivos, sino por puro cansancio. Es extraño. Es bienvenido.